Banner

Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

¿Tienes tú preguntas, comentarios o criticas? Escríbenos en esta dirección, info@swedenborg.es

EL CIELO

7

Cada sociedad es un Cielo en la más pequeña forma, y cada ángel en la más pequeña forma, constituye un Cielo

51. La razón por la cual cada sociedad es cielo en menor forma y cada ángel en mínima (forma) es que el bien del amor y de la fe hace el cielo, y este bien se halla en cada sociedad del cielo y en cada ángel de la sociedad. Nada importa el que este bien sea en todas partes diferente y variado; es sin embargo el bien del cielo, la diferencia es tan solo que el cielo por acá es tal, por allá otro. Por esto se dice, cuando es elevado alguien a una sociedad del cielo que viene al cielo, y de aquellos que están allí, que están en el cielo y cada uno en el suyo. Esto saben todos en la otra vida; y por lo mismo aquellos que se hallan fuera o debajo del cielo, y miran en lontananza donde hay multitudes de ángeles, dicen que el cielo está por allí, é igualmente por allá. Es comparativamente como jefes, oficiales y servi­dores en un mismo palacio real o en una misma corte; por más que viven separados, cada uno en sus habitaciones o en sus estancias, unos arriba, otros abajo, se hallan sin embargo en un mismo palacio o en una misma corte, cada uno allí en su oficio al servicio del rey. Por esto es claro lo que quieren decir las palabras del Señor, que:

En el reino de Su Padre hay muchas habitaciones (Juan 14: 2);

y

"las habitaciones del cielo" y "los cielos de los cielos" en los profetas.

52. Que cada sociedad es cielo en menor forma puede verse también por el hecho que cada sociedad tiene una forma celeste semejante a la del cielo entero: en todo el cielo se hallan en el centro aquellos que sobresalen, y en los alrededores hasta los confines por orden decreciente los que menos sobresalen, según puede verse en un artículo anterior (n. 43); y también por el que el Señor conduce a todos en el cielo entero como si fueran un solo ángel; de igual manera a los que están en cada sociedad. En virtud de esto aparece a veces una sociedad entera de ángeles, en la forma de un (solo) ángel, lo cual también me ha sido permitido ver por el Señor. Asimismo, cuando el Señor aparece en medio de los ángeles, no aparece rodeado de varios, sino como uno, en forma angelical. De aquí viene el que el Señor en el Verbo se llama "ángel," y el llamarse así también una sociedad entera. ."Miguel," "Rafael" y "Gabriel" son sociedades de ángeles, que a causa de sus respectivas funciones se llaman así.

53. Así como una sociedad entera es cielo en menor forma, así el ángel es también cielo en mínima forma, porque el cielo no está fuera del ángel sino dentro de él, puesto que sus cosas interiores, que son de su mente, se hallan arregladas según la forma del cielo, es decir, arregladas al recibimiento de todas las cosas del cielo, que se hallan por fuera. Estas cosas recibe asimismo con arreglo a la calidad del bien que del Señor está en él; es en virtud de esto que el ángel es cielo.

54. Jamás puede decirse que el cielo está fuera de alguien, sino dentro de él, porque todo ángel recibe el cielo que está fuera de él con arreglo al cielo que está dentro de él. Por esto es evidente cuanto se engaña él que cree que el venir al cielo es sencillamente ser elevado entre los ángeles sea cual fuere su calidad con respecto a su vida interior, o que el cielo es dado a cualquiera por inmediata misericordia, siendo así que cuando dentro de uno nada hay del cielo, nada llega del cielo que está fuera de él y nada es recibido. Hay muchos espíritus que tienen aquella opinión, y que por ello también, a causa de su fe, han sido elevados al cielo; pero una vez allí, puesto que su vida interior era contraria a la vida en la cual estaban los ángeles, empezaron a perder la vista con respecto a sus facultades intelectuales, hasta quedar como imbéciles, y con respecto a las cosas de su voluntad, a sufrir tormentos hasta el punto de comportarse como dementes. En una palabra, los que viven mal y vienen al cielo respiran con dificultad y se retuercen como peces en la atmósfera fuera del agua, y como animales en el éter debajo de la campana de la bomba neumática después de extraído el aire. Por estopuede ser claro que el cielo está dentro de uno y no fuera de él.

55. Puesto que todos reciben el cielo que está fuera de ellos conforme la cualidad del cielo que está dentro de ellos, reciben de igual manera al Señor, siendo así que lo Divino del Señor hace el cielo. De ahí viene que el Señor, cuando aparece presente en alguna sociedad, aparece allí conforme el bien en el cual está la sociedad, es decir, de dife­rente aspecto en cada sociedad; no es que aquella diferencia esté en el Señor, sino en aquellos que le ven a Él desde su bien, es decir, conforme a este. La impresión que reciben de Su vista está en arreglo a la cualidad de su amor; aquellos que le aman íntimamente son íntimamente impresionados, los que menos aman son menos impresionados; los malos que están fuera del cielo sufren por Su presencia. Cuando el Señor aparece en alguna sociedad aparece allí como ángel, pero se distingue de otros ángeles por la Divinidad que trasluce.

56. El cielo está también en donde se confiesa al Señor, en donde se le ama a Él y se cree en Él. La variedad de culto que resulta de la variedad del bien en unas y otras socie­dades no causa perjuicio, sino trae ventaja, siendo así que de allí viene la perfección del cielo. Que la perfección del cielo viene de allí puede difícilmente explicarse de manera concebible, sin recurrir a términos empleados y conocidos en el mundo científico, haciendo ver mediante ellos como una entidad que es perfecta ha de componerse de varias partes. Toda entidad se compone de varias partes porque un todo sin partes nada es; no tiene forma y por consiguiente no tiene calidad. Cuando, por el contrario, una totalidad se compone de varias partes y estas tienen perfecta forma, por la cual cada parte va adherida a otra en serie como amigos que simpatizan, entonces la calidad es también perfecta. El cielo es igualmente una totalidad compuesta de varias partes, dispuestas en perfectísima forma, porque la forma celestial es la más perfecta de todas las formas. Que toda perfección viene de ahí es evidente también por la naturaleza de todo lo que es hermoso, grato y agradable, por lo cual se impresionan los sentidos tanto como el alma, porque estas cosas no vienen sino del acuerdo y armonía de varias partes concordantes y mutuamente consentidas, sea por orden simultáneo sea por orden consecutivo; pero no de una totalidad sin variedad. Por esta razón se dice que la variación da placer, y se sabe que el placer está con arreglo a la calidad de la variación. Por esto se puede ver como en un espejo que también en el cielo la perfección nace de la variedad, porque por las cosas que existen en el mundo natural se puede ver como en un espejo lo qué hay en el mundo espiritual:

57. De la iglesia se puede decir lo mismo que del cielo, porque la iglesia es el cielo del Señor en la tierra. También las iglesias son muchas y sin embargo cada una se llama iglesia, y es también iglesia tanto cuanto en sí reúne el bien del amor y de la fe. El Señor forma también allí de varias partes una entidad, es decir, de varias iglesias una sola. Del hombre de la iglesia puede también en particular decirse lo mismo que de la iglesia en general, es decir, que la iglesia está dentro del hombre y no fuera de él, y que todo hombre en quien el Señor está presente en el bien del amor y de la fe, es iglesia. Del hombre en quien está la iglesia se puede decir lo mismo que del ángel en quien está el cielo, o sea que es iglesia, en mínima forma de la misma manera que el ángel es cielo en mínima forma; es más, que el hombre en quien está la iglesia es cielo igual­mente que el ángel, porque fue creado con el fin de ir al cielo y ser ángel, por lo cual aquel que tiene en sí el bien del Señor es hombre ángel. Es lícito manifestar lo que el hombre tiene de común con el ángel y lo que tiene más que el ángel. El hombre tiene de común con el ángel el que su interior se halla igualmente formado según la imagen del cielo, y que así mismo es hecho imagen del cielo en la medida que entra en el bien del amor y de la fe. El hombre tiene más que el ángel el que su exterior está formado a imagen del mundo, y que en la medida en que se halla en el bien, el mundo en él se halla subordinado al cielo y sirve al cielo; estando entonces el Señor presente en ambos, como en Su cielo, porque en ambos está en Su Divino orden, siendo así que Dios es el orden.

58. Finalmente, debo manifestar que quien tiene en sí el cielo no tiene el cielo tan sólo en cuanto a sus cosas mayores o a su generalidad, sino también en cuanto a sus mínimas cosas, o sea sus detalles, y que allí las cosas menores presentan la imagen de las mayores. Esto viene de que cada uno es su amor y es tal como es su amor dominante; lo que domina influye en los detalles, disponiéndolos e introduciendo en todas partes su propia semejanza. En el cielo reina el amor al Señor, puesto que allí se ama al Señor sobre todas las cosas. Por ello el Señor es allí todo en todos; influye en todos y en cada uno, disponiéndoles e introduciendo Su semejanza, haciendo que donde Él estuviere, allí está el cielo. Por virtud de esto el ángel es cielo en mínima forma, una sociedad lo es en mayor forma y todas las sociedades en conjunto en su más amplia forma. Que lo Divino del Señor hace el cielo, y que Él es todo en todos puede verse arriba (n. 7-12).

El siguiente capítulo[8] §§ 59—67 Todo Cielo en su conjunto, refleja a un sólo hombre

El capítulo previo[6] §§ 41—50 Los cielos se componen de innumerables sociedades