EL CIELO
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Cada sociedad es un Cielo en la más pequeña forma, y cada ángel en la más pequeña forma, constituye un Cielo
51. La razón por la cual cada sociedad es cielo en menor forma y cada
ángel en mínima (forma) es que el bien del amor y de la fe hace el
cielo, y este bien se halla en cada sociedad del cielo y en cada ángel
de la sociedad. Nada importa el que este bien sea en todas partes
diferente y variado; es sin embargo el bien del cielo, la diferencia es
tan solo que el cielo por acá es tal, por allá otro. Por esto se dice,
cuando es elevado alguien a una sociedad del cielo que viene al cielo, y
de aquellos que están allí, que están en el cielo y cada uno en el suyo.
Esto saben todos en la otra vida; y por lo mismo aquellos que se hallan
fuera o debajo del cielo, y miran en lontananza donde hay multitudes de
ángeles, dicen que el cielo está por allí, é igualmente por allá. Es
comparativamente como jefes, oficiales y servidores en un mismo palacio
real o en una misma corte; por más que viven separados, cada uno en sus
habitaciones o en sus estancias, unos arriba, otros abajo, se hallan sin
embargo en un mismo palacio o en una misma corte, cada uno allí en su
oficio al servicio del rey. Por esto es claro lo que quieren decir las
palabras del Señor, que:
En el reino de Su Padre hay muchas habitaciones
(Juan
14: 2);
y
"las habitaciones del cielo" y "los cielos de los cielos" en los
profetas.
52. Que cada sociedad es cielo en menor forma puede verse también por el
hecho que cada sociedad tiene una forma celeste semejante a la del cielo
entero: en todo el cielo se hallan en el centro aquellos que sobresalen,
y en los alrededores hasta los confines por orden decreciente los que
menos sobresalen, según puede verse en un artículo anterior (n.
43);
y también por el que el Señor conduce a todos en
el cielo entero como si fueran un solo ángel; de igual manera a los que
están en cada sociedad. En virtud de esto aparece a veces una sociedad
entera de ángeles, en la forma de un (solo) ángel, lo cual también me
ha sido permitido ver por el Señor. Asimismo, cuando el Señor aparece en
medio de los ángeles, no aparece rodeado de varios, sino como uno, en
forma angelical. De aquí viene el que el Señor en el Verbo se llama
"ángel," y el llamarse así también una sociedad entera. ."Miguel,"
"Rafael" y "Gabriel" son sociedades de ángeles, que a causa de sus
respectivas funciones se llaman así.
53. Así como una sociedad entera es cielo en menor forma, así el ángel
es también cielo en mínima forma, porque el cielo no está fuera del
ángel sino dentro de él, puesto que sus cosas interiores, que son de su
mente, se hallan arregladas según la forma del cielo, es decir,
arregladas al recibimiento de todas las cosas del cielo, que se hallan
por fuera. Estas cosas recibe asimismo con arreglo a la calidad del bien
que del Señor está en él; es en virtud de esto que el ángel es cielo.
54. Jamás puede decirse que el cielo está fuera de
alguien, sino dentro de él, porque todo ángel recibe el cielo que está
fuera de él con arreglo al cielo que está dentro de él. Por esto es
evidente cuanto se engaña él que cree que el venir al cielo es
sencillamente ser elevado entre los ángeles sea cual fuere su calidad
con respecto a su vida interior, o que el cielo es dado a cualquiera por
inmediata misericordia, siendo así que cuando dentro de uno
nada hay del cielo, nada llega del cielo que está fuera de él y nada es
recibido. Hay muchos espíritus que tienen aquella opinión, y que por
ello también, a causa de su fe, han sido elevados al cielo; pero una vez
allí, puesto que su vida interior era contraria a la vida en la cual
estaban los ángeles, empezaron a perder la vista con respecto a sus
facultades intelectuales, hasta quedar como imbéciles, y con respecto a
las cosas de su voluntad, a sufrir tormentos hasta el punto de
comportarse como dementes. En una palabra, los que viven mal y vienen al
cielo respiran con dificultad y se retuercen como peces en la atmósfera
fuera del agua, y como animales en el éter debajo de la campana de la
bomba neumática después de extraído el aire. Por estopuede ser claro
que el cielo está dentro de uno y no fuera de él.
55. Puesto que todos reciben el cielo que está fuera de ellos conforme
la cualidad del cielo que está dentro de ellos, reciben de igual manera
al Señor, siendo así que lo Divino del Señor hace el cielo. De ahí viene
que el Señor, cuando aparece presente en alguna sociedad, aparece allí
conforme el bien en el cual está la sociedad, es decir, de diferente
aspecto en cada sociedad; no es que aquella diferencia esté en el Señor,
sino en aquellos que le ven a Él desde su bien, es decir, conforme a
este. La impresión que reciben de Su vista está en arreglo a la cualidad
de su amor; aquellos que le aman íntimamente son íntimamente
impresionados, los que menos aman son menos impresionados; los malos que
están fuera del cielo sufren por Su presencia. Cuando el Señor aparece
en alguna sociedad aparece allí como ángel, pero se distingue de otros
ángeles por la Divinidad que trasluce.
56. El cielo está también en donde se confiesa al
Señor, en donde se le ama a Él y se cree en Él. La variedad de culto que
resulta de la variedad del bien en unas y otras sociedades no causa
perjuicio, sino trae ventaja, siendo así que de allí viene la perfección
del cielo. Que la perfección del cielo viene de allí puede difícilmente
explicarse de manera concebible, sin recurrir a términos empleados y
conocidos en el mundo científico, haciendo ver mediante ellos como una
entidad que es perfecta ha de componerse de varias partes. Toda entidad
se compone de varias partes porque un todo sin partes nada es; no tiene
forma y por consiguiente no tiene calidad. Cuando, por el contrario, una
totalidad se compone de varias partes y estas tienen perfecta forma, por
la cual cada parte va adherida a otra en serie como amigos que
simpatizan, entonces la calidad es también perfecta. El cielo es
igualmente una totalidad compuesta de varias partes, dispuestas en
perfectísima forma, porque la forma celestial es la más perfecta de
todas las formas. Que toda perfección viene de ahí es evidente también
por la naturaleza de todo lo que es hermoso, grato y agradable, por lo
cual se impresionan los sentidos tanto como el alma, porque estas cosas
no vienen sino del acuerdo y armonía de varias partes concordantes y
mutuamente consentidas, sea por orden simultáneo sea por orden
consecutivo; pero no de una totalidad sin variedad. Por esta razón se
dice que la variación da placer, y se sabe que el placer está con
arreglo a la calidad de la variación. Por esto se puede ver como en un
espejo que también en el cielo la perfección nace de la variedad, porque
por las cosas que existen en el mundo natural se puede ver como en un
espejo lo qué hay en el mundo espiritual:
57. De la iglesia se puede decir lo mismo que del
cielo, porque la iglesia es el cielo del Señor en la tierra. También
las iglesias son muchas y sin embargo cada una se llama iglesia, y es
también iglesia tanto cuanto en sí reúne el bien del amor y de la fe. El
Señor forma también allí de varias partes una entidad, es decir, de
varias iglesias una sola. Del hombre de la iglesia puede también en
particular decirse lo mismo que de la iglesia en general, es decir, que
la iglesia está dentro del hombre y no fuera de él, y que todo hombre en
quien el Señor está presente en el bien del amor y de la fe, es iglesia.
Del hombre en quien está la iglesia se puede decir lo mismo que del
ángel en quien está el cielo, o sea que es iglesia, en mínima forma de
la misma manera que el ángel es cielo en mínima forma; es más, que el
hombre en quien está la iglesia es cielo igualmente que el ángel,
porque fue creado con el fin de ir al cielo y ser ángel, por lo cual
aquel que tiene en sí el bien del Señor es hombre ángel. Es lícito
manifestar lo que el hombre tiene de común con el ángel y lo que tiene
más que el ángel. El hombre tiene de común con el ángel el que su
interior se halla igualmente formado según la imagen del cielo, y que
así mismo es hecho imagen del cielo en la medida que entra en el bien
del amor y de la fe. El hombre tiene más que el ángel el que su exterior
está formado a imagen del mundo, y que en la medida en que se halla en
el bien, el mundo en él se halla subordinado al cielo y sirve al cielo;
estando entonces el Señor presente en ambos, como en Su cielo, porque en
ambos está en Su Divino orden, siendo así que Dios es el orden.
58. Finalmente, debo manifestar que quien tiene en sí el cielo no tiene el cielo tan sólo en cuanto a sus cosas mayores o a su generalidad, sino también en cuanto a sus mínimas cosas, o sea sus detalles, y que allí las cosas menores presentan la imagen de las mayores. Esto viene de que cada uno es su amor y es tal como es su amor dominante; lo que domina influye en los detalles, disponiéndolos e introduciendo en todas partes su propia semejanza. En el cielo reina el amor al Señor, puesto que allí se ama al Señor sobre todas las cosas. Por ello el Señor es allí todo en todos; influye en todos y en cada uno, disponiéndoles e introduciendo Su semejanza, haciendo que donde Él estuviere, allí está el cielo. Por virtud de esto el ángel es cielo en mínima forma, una sociedad lo es en mayor forma y todas las sociedades en conjunto en su más amplia forma. Que lo Divino del Señor hace el cielo, y que Él es todo en todos puede verse arriba (n. 7-12).
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